D. Juan González Arrabal (presbítero)








"CANTO A UN MAGNÍFICO PRESBÍTERO Y GRAN AMIGO"
(Autor: Rafel Cava Morilla)



Tu nombre fué siempre Juan
"Don Juan González Arrabal"
Pequeñito de estatura
y un gigante en tu bondad.
Siempre te recordaremos
con tu risa singular,
por tus consejos de amigo
y también al confesar.

Persona muy estimada
por tu gran humanidad
y por tu inmensa labor
en orden sacerdotal
cuidando tu ministerio
con una entrega total.

¡Cuantos recuerdos se agolpan
en mi mente al recordar!

            Si tocamos la Liturgia (un recuerdo nada mas)
nadie te puede igualar
porque tú la preparabas
para no poder fallar:
Lecturas, cantos, homilías,
anáforas y demás.
Todo era preparado
con precisión magistral...
Las luces, micros, guitarras,
asambleas...
Todo en orden al comenzar
formando una sinfonía
de corte angelical.

¡Con qué dignidad y respeto,
buena dicción y bien cantar,
elevabas al Santísimo
Sacramento del Altar!
Y que luego repartías
con igual predicamento,
dándole a la Eucaristía
todo tu amor y respeto.

Tu otro amor: "La Madre".
Madre bendita del cielo,
a la que ya hoy has visto
en tu llegada hasta el Reino.
Y cuyas glorias cantaste
en este nuestro destierro
y que desde ahora ya cantas
eternamente en el Cielo.

¿Has visto qué fácil es el paso
estando Ella por medio?

Seguro que este año has querido
felicitarla el primero,
y el Señor te ha concedido
que volaras hasta el Cielo
y que nadie se te adelante
en este maternal encuentro.

Don Juan, no te decimos adiós
sino solo hasta luego
y esperamos que ya ahora,
que te encuentras en el Reino,
pidas al Eterno Padre,
y a su Hijo que es su Verbo
nos den de su Espíritu Santo
para que también nosotros un día
lleguemos a poseerlo.
Y a la Madre Auxiliadora
que en tan supremo momento
venga a recoger nuestras almas
llevándolas hasta el Cielo.

Nota: Fué inspirada por el Señor esta composición, el día 18 de Agosto del año de gracia 2.012.
Fecha en que nuestro querido hermano Juan pasó al Seno del Padre Eterno.

El autor: Rafael Cava Morilla



SEMBLANZA

El sacerdote Santiago Correa nos remite el texto de la semblanza leída en el sepelio de Juan González Arrabal, presbítero diocesano, fallecido el pasado día 19 de agosto a los 80 años de edad.

    Asistimos al sepelio de un gran sacerdote y de un gran amigo: Don Juan González Arrabal (cariñosamente “Juanini”).

    Nació en Málaga a principios de Julio de 1932. Es el tercero de los hermanos: Laureano y Antonio. El padre era maquinista de la Renfe y era conocido por “el inglés”, pues la abuela paterna de Juanini era de Manchester y de apellido Bradbury.

    Cursó sus estudios de primaria en el colegio de los Maristas, del que guardó siempre muy buenos recuerdos tanto del colegio como de sus compañeros. Feligrés de Santo Domingo; pues vivía su familia muy cerca de la parroquia. Su párroco fue Don José Arjona. En este ambiente religioso nació su vocación al sacerdocio.

    Cursó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Málaga. Muy estudioso, muy trabajador, en filas hacia la capilla y el comedor estudiaba inglés, al que era muy aficionado.  Magnífico compañero y amigo, durante toda su vida supo cultivar su amistad con sus compañeros de curso pero sobre todo su amistad con Dios. En los cursos de Teología manifestó su especial aptitud para la catequesis de niños impartida en la parroquia de San Pablo, y su admirable compañía y entrega con los campesinos de las escuelas rurales que le fueron encomendadas.

    El 20 de Diciembre de 1958 recibió con gran alegría el orden sacerdotal. Eligió como lema para su sacerdocio una frase de San Pablo a los Efesios: “In aedificationem Corporis Christi”. Sin duda, él recordaría los estudios de Patrología, en los que en el libro del “Pastor de Hermas” se compara a la Iglesia con una gran torre en construcción: los cristianos son las piedras; los arquitectos son los sacerdotes. El sacerdote es el hombre de la oración. Por las mañanas muy temprano él rezaba la Liturgia de las Horas y le gustaba meditar en las epístolas de San Pablo, del que era muy estudioso, como lo muestran los libros de su biblioteca.

    El sacerdote es el hombre de la entrega a los demás. Sirvió a la Iglesia malagueña primeramente como vicario parroquial en el Socorro de Ronda; durante varios años fue coadjutor en los Mártires. De allí pasó también como coadjutor a la parroquia de San Pablo y finalmente, durante más de 30 años, ejerció como párroco de la Trinidad. Entregado totalmente a la parroquia, creó y atendió a varias comunidades neocatecumenales, a las que quiso entrañablemente.
    
El sacerdote es el hombre de la Eucaristía. Don Juan llegó a celebrar más de 25.000 a lo largo de su sacerdocio. La vida de Don Juan fue la de un continuo crecimiento. Santa Teresa de Jesús decía:“Quien no crece, decrece”. Él se esmeró en superarse en todo, con la sonrisa siempre en sus labios. A él le preocupó mucho el porvenir de la Iglesia por la falta de vocaciones, y pienso que el mejor homenaje que se le puede tributar es la formación de familias verdaderamente cristianas, en las que florezcan vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

    Con los años fue deteriorándose su salud. Renunció a su actividad como párroco, pero siguió atendiendo de mil maneras a todos los que le pedían su ayuda, bien a comunidades neocatecumenales, a familias, a amigos, a conocidos y a desconocidos. En suma, podemos decir de nuestro querido Don Juan lo que cantábamos en la Schola del Seminario:
“Ecce sacerdos magnus, quii in diebus suis, placuit Domino”
“He aquí un gran sacerdote, que en sus días agradó al Señor”.
 
Málaga, 19 de Agosto de 2012
Rvdo D. Santiago Correa
Sacerdote diocesano de Málaga.

Autor: diocesismalaga.es


Comentarios

Entradas populares de este blog

Santísima Virgen de Belén

La Cuaresma, con María